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Dan Brown
Juga a El símbol perdut
25/10/2009
Dan Brown - Manos de oro

Texto de Antonio Lozano

Dan Brown Si quiere superarse a sí mismo, este hombre deberá vender más de 81 millones de ejemplares de El símbolo perdido (Planeta/Empúries). Tras cinco años para digerir el fenómeno generado por El código Da Vinci, el escritor convoca una vez más a su experto en simbología Robert Langdon para perpetuarse como el escritor de más éxito del planeta. Faltan sólo cuatro días para que su thriller de trasfondo masónico tome por asalto las librerías españolas.

El pasado julio, millones de personas recibieron por Twitter la imagen de un triángulo con la inscripción totum maior summa partum, a la que seguirían, entre otras, la de un monasterio griego y la del sello presidencial americano. Así, el último emperador del thriller despejaba las dudas de si su sobrehumano éxito literario lo había devorado o, en cambio, tendría una continuación por la que suspiraban lectores de los cinco continentes y, aún más, las editoriales que ya habían desembolsado una fortuna por los derechos. Aquellas pistas anunciaban el retorno del licenciado en simbología por Harvard Robert Langdon, fiel a los trajes de tweed, al café de Sumatra y a un reloj de pulsera de Mickey Mouse, cinco años después de publicarse, en El código Da Vinci, sus escandalosas pesquisas sobre Jesús y María Magdalena. Al confeso bloqueo creativo que causó a Brown un tsunami de cifras –vender 81 millones de ejemplares de la obra, su adaptación cinematográfica que recaudó 758 millones de dólares y le reportó a él 250 millones– se sumaron otras distracciones. La Iglesia católica y el Opus Dei se mostraron profundamente agraviados, y los autores del libro The Holy Blood and the Holy Grial interpusieron en los tribunales de Londres una demanda por plagio que fue finalmente desestimada.

(…)

En cualquier caso, la leyenda apunta que a Dan Brown le llegó la inspiración para probar suerte con los thrillers leyendo en Tahití un ejemplar de La conspiración del Juicio Final, de Sydney Sheldon. Lo indiscutible es que en 1996 dejó de ejercer de profesor de inglés y de español (para niños) en dos colegios para conseguirlo. Después de vender unos discretísimos 10.000 ejemplares de sus tres primeros títulos (Fortaleza Digital, Ángeles y demonios y La conspiración), la histeria colectiva le aguardaba agazapada en un rincón del cuadro La última cena. Hoy se levanta a diario a las cuatro de la madrugada, escribe con un reloj de arena que le marca las pausas para hacer flexiones y abdominales, juega a tenis cada tarde y, cuando se encalla con un pasaje, se cuelga boca abajo del techo con unas botas especiales en lo que denomina “terapia de inversión”.

Seguir el guión

Librerías abiertas a las doce de la noche para dar la campanada de salida, campañas promocionales y fiestas de lanzamiento dignas de una superproducción de Hollywood, tiradas récord (Planeta arranca con un millón y medio de ejemplares), respuesta entusiasta de los lectores –en la primera semana de su publicación en Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña se comercializaron dos millones de copias, aunque a partir de la tercera el ritmo de venta ha descendido más de un 40%–… El símbolo perdido ha cumplido con las indicaciones del guión hasta la última coma. Tan metódica ha sido su aplicación a lo previsto, que muchas voces lamentan que esta se haya extendido a su argumento. De nuevo Langdon y su prodigiosa cabeza a la hora de interpretar símbolos se embarcan en una misión especial para evitar que información que podría cambiar el destino de la humanidad caiga en las manos equivocadas. De nuevo Langdon cuenta con el apoyo de una mujer, Katherine Solomon, especialista en ciencias noéticas (que implican el estudio del asombroso potencial de la mente humana), por la que no sentirá la menor atracción física. Una vez más Langdon se enfrentará a un perturbado rival que parece salido de un circo de freaks, Mal’akh, una masa de músculos tatuados con la calva afeitada y una frase apocalíptica siempre en la punta de la lengua. De nuevo Langdon tendrá poco tiempo (doce horas) para interpretar pistas que requieren de enciclopédicos conocimientos de arte, historia y ocultismo, corriendo de aquí para allá por edificios históricos que esconden un sinfín de pasadizos secretos y cámaras ocultas.

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Notícia publicada a: www.magazinedigital.com
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