
La última y esperada novela de Dan Brown, El símbolo perdido (Planeta), no estará en las librerías hasta el próximo jueves 29 de octubre, pero para los aprendices de Robert Langdon, aquellos que estén comiéndose las uñas, la editorial lanza hoy un juego online en la web del libro (www.elsimboloperdido.es).
Emulando al protagonista de El código Da Vinci, así como de su continuación, el lector más perspicaz podrá lograr el título de experto en Simbología si alcanza a resolver los 33 enigmas que se proponen en el site. Preguntas sobre las anteriores obras del escritor estadounidense -que ha vendido más de 80 millones de libros en todo el mundo de su best seller-, otras de cultura general, y algunas sobre las primeras informaciones que han trascendido de El símbolo perdido conforman este juego que tendrá su culmen en el lanzamiento del jueves. Los jugadores que hayan terminado el reto deberán superar una última prueba para llegar al regalo "sorpresa" que ofrece la editorial. Y la última pista está en el mismo ejemplar.
Otro éxito de ventas
En Estados Unidos, desde su publicación el pasado 15 de septiembre, El símbolo perdido ya ha vendido más de dos millones de libros. En nuestro país, Planeta realizará un despliegue editorial sin precedentes -millón y medio de ejemplares-.
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Tras seis años de aislamiento, el escritor más leído del mundo vuelve a la carga con El símbolo perdido. Charlamos con él. La conversación no tiene desperdicio...
Cuando no está inspirado, Dan Brown se calza sus botas antigravedad y se cuelga del techo como un murciélago. Asegura que en esa postura la sangre le bombea ideas frescas a la cabeza y le cambia, además, la perspectiva, algo esencial para resolver los numerosos nudos de sus barrocas tramas. Ha debido de estar boca abajo mucho tiempo en los últimos seis años, los que ha tardado en escribir su última novela, El símbolo perdido (Planeta), pero seguramente le habrá valido la pena, pues se vendieron un millón de ejemplares de la edición inglesa en su primer día en las librerías.
Brown recupera como protagonista al profesor Langdon, el trasunto de Indiana Jones y Umberto Eco que anduvo en pos del Santo Grial en El código Da Vinci. Esta vez le toca el turno a los secretos de la masonería. Brown dice haberse documentado concienzudamente, aunque sus detractores suelen achacarle, además de un estilo literario ramplón, aunque muy efectivo, auténticos disparates en la investigación. Baste recordar cómo describió Sevilla, ciudad en la que está ambientada su novela Fortaleza digital: policías corruptos que fuman Ducados, hospitales tercermundistas donde, si entras al quirófano, probablemente ya no salgas, olor a orina por doquier y turistas jugándose la vida para visitar la peligrosísima Giralda, cuyas empinadas escalinatas son una trampa mortal, entre otras perlas. Y eso que Brown vivió una temporada a orillas del Guadalquivir. Fue una época decisiva de su vida, pues abandonó el sintetizador con el que pretendía ser un ídolo del pop y se puso a estudiar Historia del Arte, disciplina que le ha dado material para sus argumentos. Pero Brown ha tenido desde niño una tendencia a vivir en su propio mundo: un caldo donde hierven teorías de la conspiración y criptogramas que, de resolverse, cambiarán el mundo.
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XL. Los católicos se sintieron gravemente ofendidos con su libro, luego se produjeron las acusaciones de plagio de dos autores que aseguraban que les había copiado parte de la trama. El mundo esperaba una respuesta por su parte, pero se retiró.
D.B. En este mundo moderno se espera que los autores formen parte del olimpo de los famosos. Yo prefiero no hacerlo. No me preocupo por el dinero o la fama. No me veo como una estrella. Mis libros son las estrellas.
XL. ¿Por qué está haciendo esta entrevista entonces?
D.B. Estoy orgulloso del nuevo libro y quiero que los fans lo sepan. Además, ahora ya no estoy escribiendo; así que puedo salir de mi capullo y ser durante un breve tiempo una figura pública. Luego volveré a cerrar la puerta.
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XL. ¿Habrían sido posibles sus novelas sin su padre? Organizaba en casa juegos de buscar el tesoro...
D.B. Probablemente, no. Mis novelas son una gran búsqueda del tesoro y, de niños, nos lo pasábamos de fábula resolviendo enigmas ocultos.
XL. Incluso el pequeño Exeter tiene ese misterio de hermandades secretas y logias masónicas que tan importante papel desempeñan en su libro.
D.B. Sí, la logia estaba sobre el cine de la ciudad. Tenía ese extraño símbolo y las cortinas siempre echadas, nunca me permitieron subir. Veíamos entrar a la gente, pero nadie sabía qué hacían allí arriba. Aquello siempre me fascinó.
XL. ¿Hasta hoy?
D.B. Sí. He dedicado seis años a investigar su mundo.
XL. ¿Consiguió acceso a los masones?
D.B. Sí. Hablaban de sus creencias, pero no de sus rituales secretos.
XL. ¿Rituales de sangre? ¿Plegarias misteriosas?
D.B. Son secretos. Tuve que indagar en otros sitios.
XL. Ha seguido viviendo en Exeter y se va a mudar a una casa llamada Isle of Langdonia, denominada así por el protagonista de sus novelas, Robert Langdon. ¿No se ha pasado un poco?
D.B. No sé cómo se ha enterado de eso, pero es cierto. También la llamo «la fortaleza de la gratitud». A mi mujer y a mí no nos gustan los yates, los coches o los aviones privados. Nos interesa la arquitectura, así que nos hemos construido una obra de arte en forma de casa y nos mudaremos en unos cuantos meses.
XL. ¿Tiene pasadizos secretos?
D.B. Al menos, media docena de estancias y pasadizos secretos.
XL. ¿Códigos ocultos?
D.B. Por toda la casa. Tenemos una ventana por la que entra el sol a una hora concreta del día y cae sobre un símbolo en un azulejo. Hay claves secretas en las ventanas.
XL. ¿Y usted recorre la casa como si fuese un niño pequeño, intentando descifrar los símbolos?
D.B. No, los conozco todos, pero nuestros invitados no. Necesitarían una vida entera para descifrar todos los enigmas.
XL. ¿Dónde escribirá?
D.B. En mi nueva novela hay un cuadro que deambula por la casa. Yo tengo ese cuadro. Se moverá por una pequeña habitación en Langdonia. Quizá escriba allí. Nunca he escrito en una casa.
XL. ¿Dónde entonces?
D.B. Esta novela la he escrito en una cabaña en el bosque, con un frigorífico y un ordenador, nada más, ni Internet ni móvil, sin conexión con el mundo exterior.
XL. Se pone a escribir antes de que salga el Sol.
D.B. Así es, a eso de las cuatro de la mañana. Es un ritual. Siempre me he levantado pronto, ya de niño, siempre quería estar solo. Me levantaba a las cuatro y media, me hacía el desayuno yo solo, leía tebeos y hacía crucigramas.
XL. ¿No se le hace raro no escribir por primera vez en seis años?
D.B. No, estoy muy contento de haber terminado este libro. Ha sido muy difícil. El tema es muy filosófico y complicado de desentrañar. Fui escéptico durante mucho tiempo. Ciencia noética... suena a new age. Dediqué años a la investigación y ¿sabe qué?, la ciencia noética funciona.
XL. ¿En serio? Pónganos un ejemplo.
D.B. Coja un vaso de agua y congélelo. Luego coloque a un grupo de personas alrededor del vaso, todas con pensamientos hermosos, puros, y verá que empiezan a formarse los más bellos cristales.
XL. ¿Lo dice en serio?
D.B. Completamente.
XL. ¿No ha perdido el juicio?
D.B. No he perdido el juicio. Haga el mismo experimento con personas que tengan pensamientos oscuros, malvados. El hielo se llenará de grietas y cristales horribles. He investigado el tema y he encontrado pruebas. La idea de que el ser humano pueda ejercer control sobre la materia me desconcierta.
(...)
XL. Cuenta usted que, cuando se `atasca´ escribiendo, se cuelga cabeza abajo, de los pies, para volver a pensar con claridad. Y en esos momentos piensa: «Guau, soy genial, 80 millones de libros vendidos».
D.B. No, no, no. Quizá sí piense: «Este capítulo es genial, a mis lectores les va a encantar», pero lo normal es que lea el capítulo al día siguiente y diga: «Es una mierda. Rehazlo otra vez». Para mí, escribir no es escribir, es reescribir. Corregirse a uno mismo.
XL. Es usted el autor más leído del presente. ¿No le resulta a veces una carga?
D.B. Cuando soy consciente de lo que ha pasado, me quedo en estado de shock. No soy Leonardo DiCaprio, que se encarama a la proa del Titanic y grita: «¡Soy el rey del mundo!».
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XL. ¿Qué problemas le dará esta novela?
D.B. Que puedas cambiar el mundo con la fuerza de tu pensamiento es una idea revolucionaria. Y también lo es que podamos crear una nueva realidad si unimos nuestros pensamientos y nos concentramos en ello.
XL. Suena a charlatanería esotérica.
D.B. Sí, eso dirán muchas personas. Pero adelanto que, en cinco años, mucha gente me dará la razón.
(...)
XL. ¿Le gustaría ser Langdon, ese tipo listo y guapo, a lo Harrison Ford, de sus novelas?
D.B. Sí, tiene una vida estupenda, descifra códigos, viaja mucho. Cuando yo viajo, nada es emocionante. Nadie me persigue.
XL. En su próxima novela, ¿dónde podría buscar Langdon nuevos secretos? ¿Pekín, Tokio, Río de Janeiro?
D.B. Río le gustaría a Tom Hanks. Le voy a dar una pista: no será en la Luna.
(...)
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